Miguel Delibes


Una entrada urgente, algo que nunca debería hacer. Hay mañanas en que una simple mención en la radio de algo que te importa te impulsa a disponer de diez minutos de tu importante tiempo para escribir algo, compartirlo y emprender la labor de recordar y recuperar para quienes vienen por detrás de nosotros la figura de un gran escritor.

Clara y Nadal


Año nuevo. Un nuevo tag en el blog. Cero entradas. Observo que, al menos, el año pasado escribí algo más que el anterior. Y que los anteriores. Es un alivio. Una media de dos artículos al mes, qué lujo. Objetivo: mantener el tipo, digo yo. Porque toda la vida he querido escribir, y ahora que tengo el espacio ideal donde dar rienda suelta a mis habilidades más mecanográficas que literarias, me escudo en el eterno "no tengo tiempo" para no dar un palo al agua. En fin, aquí va, pues, una de mis "New Year's Resolutions".



Y es que hay quien escribe mucho y bien y, por eso, gana el premio que, una vez en la librería, más me atrae. El Nadal, para mí, es el segundo apellido de unos cuantos escritores y libros favoritos. Qué sería del Nadal sin la generación de los 50. Sin la osadía de premiar "Nada", la extraordinaria obra de una mujer a la que eternamente recordaremos por esa y no por otra novela, Carmen Laforet. Miguel Delibes. Rafael Sánchez Ferlosio. Ana María Matute. Carmen Martín Gaite. Nombres que algunos seguimos atesorando, resistiendo el embate del best seller, y sosteniendo, entre ellos, a narradores herederos del buen hacer, Marías, Mendoza, Bolaño, Gopegui.

Clara Sánchez es otra escritora de las que nacen historias que te atrapan. Sólo he leído dos de sus novelas, "Últimas noticias del Paraíso" y "Un millón de luces". Y quizá tengo un recuerdo menos claro del hilo narrativo de ambos libros, y sin embargo sensaciones que tienen más que ver con un estilo claro, que se detiene en lo aparentemente sencillo, en lo cotidiano. Que se mueve en escenarios en los que nos movemos todos, una urbanización, un edificio en el centro de la ciudad, un centro comercial, un jardín. Con personajes trepas, jóvenes inexpertos, perros que ladran con rabia y protagonistas que asisten, atónitos, a lo que espera agazapado detrás de la monotonía, de la cruda realidad.

Al leer el argumento de la novela premiada, "Lo que esconde tu nombre", no voy a poder resistirme a correr hasta mi librería favorita dentro de un mes. Una apacible pareja de ancianos alemanes retirados en la costa española donde esconden un pasado gris y cruel; un superviviente de un campo de concentración; y una joven ajena a los respectivos pasados del resto de los personajes. Como en el cine, la II Guerra Mundial sigue propiciando argumentos interesantes, como si siguiéramos necesitando rescatar historias anónimas para no olvidar lo que no debe repetirse, para no perdonar al criminal a medida que el tiempo va difuminando su pasado. Sin duda Clara Sánchez lo haya escrito con honestidad y sin dejar cabos sueltos.

The Music Connection


Como comentaba en la anterior entrada, el curso escolar nos trae una nueva retrospectiva de Nosferatu, esta vez temática, dedicada al thriller americano de los años 70.

Bullit ha resultado un inicio agradable; una película parca en diálogos, como lo es el personaje encarnado por Steve McQueen. Hablan más los silencios y esa mirada huidiza de Bullit, o la espectacular persecución automovilística por las calles (cuestas) de San Francisco, secuencia imitadísima en películas posteriores (por ejemplo, en What's up, doc?).


El detective nos muestra a Frank Sinatra en un papel que se sale de sus personajes triunfadores, alegres, seductores (no olvidemos The man with the golden arm, o su personaje en From here to eternity, que también se apartaban de su condición de cabecilla del rat pack). No la había visto, y me gustó, me pareció entretenida y muy representativa de la estética de los setenta.

Shaft ha sido una película entretenida, sin más, con una buena banda sonora en la que Isaac Hayes comienza cantando Who's the black private dick / That's a sex machine to all the chicks? / SHAFT! / Ya damn right! No he visto el remake, ni falta que me hace, entre otras cosas creo que me cae mejor Richard Roundtree que Samuel L. Jackson. Y creo que el Shaft setentero es mucho más amable que el del nuevo siglo.

¿Qué tienen en común estas películas? La estética. La narrativa. La banda sonora, un sonido, un estilo. Lalo Schifrin es el responsable de la música de Bullit, mientras que Jerry Goldsmith lo es de la de The Detective. Ambos diseñan unas partituras muy influidas por el jazz y por el funk, muy dinámicas y descriptivas. En los últimos tiempos estoy revisando películas con música muy setentera y es que una no puede resistirse a disfrutar de una secuencia acompañada por Michel Legrand o Henry Mancini o Burt Bacharach. Pop y jazz entrando por la puerta grande en el cine. Creo que Dirty Harry debe mucho a Schifrin, como Charada a Mancini. Continuadores como Dave Grusin mantienen ese espíritu en el cine actual.

Don Ellis es el responsable de la banda sonora de The French Connection (que veremos hoy miércoles en Nosferatu); tuvo una carrera muy breve, pero al igual que Schifrin, se forjó en televisión, en la serie Mission: impossible. En esta película tenemos a actores sensacionales, entre ellos Fernando Rey (de hecho, cuando murió, en la ceremonia de los Oscar le dedicaron la famosa escena en que saluda desde el vagón del metro), en gran Gene Hackman y Roy Scheider. Hace bastantes años que no veo esta película y creo que hoy la voy a disfrutar como si fuera la primera vez: es la magia de recuperarlas en pantalla grande.



Si la cosa funciona


Con el otoño vuelve la rutina, el curso escolar. En los últimos meses había dejado de ir al cine, por lo que he ido recuperando las películas de estreno en casa, según iban saliendo en DVD. Así, he podido disfrutar de La duda, Milk y El curioso caso de Benjamin Button, entre otras, sin surround palomitero ni banda de cotorras comentando cada detalle de la película. Y como no debo dejar que tales minucias me aparten de las butacas de mi cine favorito, he trasladado mis sesiones al miércoles y al viernes por la tarde (cosa que no es garantía de una sesión tranquila de sonido nítido).

Así que al menos he podido disfrutar, entre otras del montón, de un par de buenas películas: el retorno de Woody Allen a Manhattan con Si la cosa funciona, y otra excelente obra de Campanella, El secreto de sus ojos. También ha comenzado un nuevo ciclo de Nosferatu dedicado al thriller norteamericano de los años setenta, lo que nos ha permitido ver, por ahora, la espléndida Bullit de Peter Yates y El detective, de Gordon Douglas. La cita semanal, cada miércoles, nos da la oportunidad de ver mañana en pantalla grande Shaft (1971), de Gordon Parks.



Si la cosa funciona es una comedia ácida e irónica que trata sobre las obsesiones habituales de Allen, pero dando otra vuelta de tuerca al amor, la muerte, el sexo y Dios, entre otras cosas. El primer acierto es su nuevo álter-ego, Larry David, guionista de Seinfield, que hereda los tics, las gafas, la hipocondria y el desdén por lo vulgar y cateto de los antológicos protagonistas de Manhattan, Annie Hall o Delitos y faltas. Como siempre, la película se sostiene sobre un guión ingenioso, de frases brillantes, poblado por unos personajes que contribuyen sin florituras a tejer la comedia que, desde la primera secuencia, no se anda con rodeos y se dirige directamente al espectador, quien casi acepta con naturalidad verse incluído en el saco de idiotas y gusanos del mundo que rodea a Boris Yellnikoff (Larry David), en el cual, sin desearlo, se cuela una pueblerina de la América profunda, Melodie (Evan Rachel Wood), escapada de su familia y educación puritana con la intención de disfrutar de la vida siendo una pecadora. Melodie cumple con todas las premisas del prototipo de gusano idiota e ignorante con el que Boris jamás se codearía y éste no tiene ningún problema en insultarla a la cara, y es quizá esa ingenua, humilde y sincera aceptación de lo que es y deja de ser lo que, en el fondo, provoca que la chica sureña encaje como un guante en la vida y el hogar de Boris. Tanto que, con el tiempo, empieza a pensar y opinar como Boris. Hay dos momentos claves (e hilarantes) en el desarrollo de la película, la llegada de la madre puritana y, más tarde, la del padre, en busca de la hija perdida, aunque más bien lo que hacen es encontrarse a sí mismos y someterse a esa profunda reconversión que sólo el cosmopolita Manhattan puede provocar en los catetos pueblerinos...

La visión irónica de Allen reporta una colección de chistes muy sutiles e inteligentes, no sólo verbales, sino también visuales y conceptuales. Algo de lo que no fue capaz en sus últimas películas europeas (con la excepción de la brillante Match Point), y es que quizá Allen se siente más capaz de reírse en su tierra, por reírse de sí mismo sin complejos. O porque quizá respeta demasiado a sus fans europeos, quién sabe. El caso es que Woody ha vuelto a Manhattan y, con ello, a crear comedia pura, inteligente y sin complejos.

Ultimátum a la tierra



Me he negado a ver el reciente remake de esta apreciadísima obra de Robert Wise que pudimos contemplar en pantalla grande en el Zinemaldia de 2005. A quienes nunca hayan visto el original, sus efectos especiales, maquetas, personajes y planos les pueden parecer anticuados, casi de serie "B". Pero quedarse en esa capa de la película es no entrar en ella. Una película de 1951 que habla sobre una advertencia a la humanidad es un reflejo de lo que se estaba viviendo en el mundo después de la II Guerra Mundial.

Así que recomiendo revisar esta obra quitándonos de encima esa capacidad del público de hoy para dejarse deslumbrar por los efectos especiales y en cambio quedarnos con el mensaje, con la metáfora, y reflexionar sobre el hecho de que todo, absolutamente todo lo que cuenta esta historia, es moderno y vigente.

Sí, cada día reniego más de las películas que basan su capacidad de atraer al público única y exclusivamente en la carísima producción y posproducción digital. Que viva el cine de buen guión y personajes consistentes.

Sólo Dios lo sabe. Heaven knows, Mr. Allison

Una película que merece la pena ver en pantalla grande; así la vimos en la retrospectiva que Nosferatu dedicó a John Huston en su centenario.

http://www.imdb.es/title/tt0050490/



Un guiño a Begoña y a Loli.

Make someone happy

Pues sí, hoy es para estar contenta. En cuanto abandone la oficina me voy volando a la fÑac a comprarme, si está, la DeLuxe Edition de "Love is the answer", el nuevo álbum de Streisand. El sábado pasado dio un concierto para un puñado de amigos y fans en el Vanguard Village de Nueva York. Aquí os dejo una muestra de cómo sigue sonando esta mujer en directo (ni sombra de lo que fue, honestamente, pero sigue siendo muy grande).



Añado a continuación un enlace a una entrevista muy interesante que le ha hecho ANTHONY TOMMASINI, un crítico de música clásica, acerca de su capacidad vocal. En inglés...

http://www.barbrastreisand.com/us/news/fine-instrument-classic-instinct-new-york-times-interview

The happy ending


La filmografía de Brooks arranca con Crisis, una historia lamentablemente vigente (no tanto por la crisis del título en sí, sino por un argumento que se sigue repitiendo). Y con la llegada de la clausura del Festival, tenemos el placer de contemplar las últimas películas del director, que encierran mucha amargura y cierto regusto pesimista.

En estos días he visto sus grandes clásicos, los títulos más conocidos, y he podido ver películas para mí inéditas, como Looking for Mr. Goodbar o The happy ending. La primera nos presenta a una Diane Keaton en pleno apogeo de su colaboración con Woody Allen, rescatada de la comedia neoyorkina para interpretar un papel en un registro completamente diferente. Brooks se aleja, precisamente, de los "happy endings" (finales felices) y resuelve sin contemplaciones una historia en la que se critica desde el fanatismo religioso hasta la nocturnidad, las drogas, la violencia, pero también aludiendo al egoísmo, a la incapacidad de comunicación y a la doble vida de los personajes. Me quedo con una frase que dice algo así como "my parents think I pee perfume" (mis padres creen que meo perfume) y que retrata perfectamente el drama de las apariencias y del invisible sufrimiento real.

Con The happy ending me he llevado una gratísima sorpresa. A veces leer críticas negativas nos hace descubrir una película mucho más valiosa de lo que esperamos. De hecho, es una historia de un género muy parecido al de mi película favorita, Two for the road, si es que podemos calificar la "crisis matrimonial" (otra vez la palabrita) como subgénero tragicómico o, en este caso, puramente dramático.

The happy ending, además de retratar la crisis de los cuarenta, en cierto modo alude al tormentoso matrimonio de Brooks con Jean Simmons (protagonista de la película), una actriz espléndida a la que la llegada a la madurez y la ausencia de ofertas le sumergieron en una depresión que le llevó a la bebida. La película fue un fracaso y las críticas no la acompañaron, sin embargo a mí la historia me pareció un argumento tan antiguo como actual, siempre vigente, con un tratamiento visual diferente, poco convencional. Como Donen, recurre al flashback para ir dosificando la narración convenientemente, pero quizá fracase en la puesta en escena, no puede competir con la brillantez con que Two for the road fue concebida y carece del carisma y la química de Audrey Hepburn y Albert Finney.



Otro elemento interesante de la película es la banda sonora de Michel Legrand y uno de los mejores temas que ha compuesto junto con los letristas Alan y Marilyn Bergman: "What are you doing the rest of your life?" (¿Qué vas a hacer el resto de tu vida?); es el happy ending con el que arranca la historia; una boda que, en las películas, supone el "y comieron perdices", un "no hay más allá" del final feliz pero tras el cual Brooks hace una elipsis de quince años y descubre un botín de vodka y tranquilizantes. De repente "lo que vas a hacer el resto de tu vida" se convierte en una losa pesada que provoca una reacción en el personaje de Simmons.

Las bandas sonoras de las películas de Brooks no vienen firmadas por cualquiera: Maurice Jarre, Quincy Jones, Alex North, André Previn, Miklós Rózsa, el mencionado Michel Legrand... y con una preferencia evidente hacia los ritmos del jazz, que son los que ayudan a ilustrar The Blackboard jungle, por ejemplo (aunque arranca y acaba con un rock-and-roll) o $ (Dollars).

También quiero resaltar como un descubrimiento agradable The catered affair, con la siempre inmensa Bette Davis y Ernst Borgnine, una película que está inédita en DVD, descatalogada en VHS, pero que os recomiendo busquéis por los rincones de Internet, porque merece la pena verla.

Y con esto... os he resumido a duras penas la retrospectiva de Richard Brooks. Buscad en el videoclub The professionals (recientemente editada en BluRay para los más modernos), Bite the bullet y The cat on a hot tin roof, son ideales para las tardes de otoño e invierno. Y otro día, con más calma, repaso película a película lo visto. Mucho y casi todo muy bueno.

Paul, Liz y Skármeta


Ayer fue un día laborioso pero lleno de grandes premios. Vi, por enésima vez y en una copia estupenda, KEY LARGE, de John Huston, para la cual Brooks había escrito el guión. No sólo es una película que engancha, también sirve para comprobar cómo saltaban chispas entre Bogart y Bacall. Por fin el público rompió a aplaudir, que este año anda un poco escaso de entusiasmo, ¿será la crisis?.

Hablando de la palabra de moda. Crisis fue la primera película dirigida por Brooks y pudimos verla. Interesante, a veces divertida y, como su título, tan de moda. Un país sudamericano, un tirano en el poder, un pueblo que quiere rebelarse. ¿No nos suena? Y Cary Grant con su esposa, de vacaciones, en el mencionado territorio comanche. Recomendable para una tarde de sábado de otoño y lluvia, sofá y mantita. Para los fans de Cary, entre quienes me encuentro, claro.

Después quise ver The light touch, pero mis obligaciones técnicas me lo impidieron. La sala, llena, y Stewart Granger en la pantalla. A ver si puedo recuperar esta película en una próxima proyección.


Por último, vimos una de las estrellas de la retrospectiva; Cat on a hot tin roof, una película archiconocida y unos actores guapos, admiradísimos, con talento. Confieso que en la sala había mucha gente boquiabierta ante el pijama y el albornoz de Paul Newman y el impresionante físico de Liz Taylor en su mejor momento. La película no ha perdido el atractivo ni el interés. Siguen estando vigentes todos los los aspectos de la obra del escritor sureño Tennessee Williams, la atmósfera irrespirable en la que la intimidad no existe, el deseo insatisfecho, la envidia, la ambición, y la pesadilla de los "monstruos cuellicortos" que exasperan a Liz, esa gata que se siente como si estuviera pisando un tejado de zinc caliente...

Hoy "estrenamos" otros cuatro títulos:
  • Battle circus
  • Take the high ground!
  • Flame and the flesh
  • The last time I saw Paris
De todas éstas, la última sí la he visto, está en DVD, y reúne a Liz Taylor con Van Johnson y Walter Pidgeon, y en la que aparece un jovencísimo Roger Moore.

Y, por último, contaros que gracias a la radio, y a Conchita Casanovas, tuve la oportunidad de conocer a Antonio Skármeta, en una pequeña tertulia para Radio 4. Además de gran escritor, como decía Conchita, es un gran contador de historias (no todos los escritores lo son, claro), y es que nos relató la experiencia de asistir a una sesión de "The Blackboard jungle" en el Chile de su juventud, y nos recordó el papel de Glenn Ford como profesor intentando educar a sus alumnos, a través del jazz, y cómo la película terminaba con un rock-and-roll que él mismo se lanzó a cantar... One-two-three o' clock-four o'clock rock! Y es que el autor de "El cartero de Neruda" es tan simpático como aparenta en esta foto.

Brooks y los Inglourious Basterds



BIEN, BIEN, BIEN... Ya estamos de lleno en el Festival de cine. Un festival algo más corto (un día menos, con esto de los recortes presupuestarios), pero no por ello menos intenso. Todo lo contrario. Creo que es un festival potente. No hay más que echar un vistazo a la última de Tarantino (lo confieso, la única que he visto de toda la programación) y a ese magistral primer episodio de Inglourios Basterds para tener una sensación positiva de lo que aquí se está cociendo.

Desde el pasado domingo no hago otra cosa más que recomendar la última de Tarantino en la que brilla Brad Pitt, pero por encima de él todavía brilla más Christoph Waltz, un actor austriaco que encarna a un coronel de las SS. La película, que dura dos horas y media, no se hace larga por ese ritmo al que se van desarrollando los episodios, que contienen pequeñas narraciones que, entrelazadas, componen una historia que engancha y provoca.


Pero volvamos a las butacas de los cines Príncipe y Antiguo Berri (todavía llevo incrustado el "Astoria" en las neuronas). Allí viviremos durante nueve días otra retrospectiva clásica compuesta por auténticas joyas del cine. Como ya escribí semanas atrás, Richard Brooks fue escritor antes que director, también fue novelista y, por encima de todo, es un gran adaptador literario.

Hoy abrimos boca con algunas de las películas que escribió para otros directores y algunas películas de sus últimos años; podéis informaros acerca de la programación y de la venta de entradas en la web del festival, que es estupenda.

Diana Krall, cara a cara




Acabo de ver esta entrevista a Diana Krall del pasado mayo en una redifusión veraniega de CNN+. Hay un resumen en Internet, para que la escuchemos en un "Cara a cara" con Antonio San José. Planea una gira en otoño y, si nos pilla cerca, por supuesto iremos a verla.

Barbra Streisand en Donostia-San Sebastián

Ayer visitó el Guggenheim de Bilbao y, al parecer, pasará el fin de semana en Donostia-San Sebastián.

Y pensar que trabajo a cincuenta metros de la Suite en la que el matrimonio Brolin-Streisand se aloja.

http://noticiasdegipuzkoa.com/ediciones/2009/08/28/mirarte/cultura/d28cul44.1573391.php



(www.eitb.com)

Fresas salvajes


Este verano me he empleado a fondo poniendo en orden mi videoteca, recuperando títulos que tenía prestados (todavía me queda uno por repescar) y prometiéndome a mí misma que en adelante prefiero regalar copias a prestar originales. Cuesta mucho tiempo y esfuerzo recopilar algunos títulos, sobre todo si ya están descatalogados. Tengo pocos ramalazos materialistas, pero en lo que respecta a música, libros y películas siento por ellos un apego considerable.

He hecho listas de "ciclos" personales en los que revisar películas vistas hace décadas o que para mí siguen inéditas. Esta vez toca Ingmar Bergman, un entrenamiento duro (por su densidad narrativa) que hará que la retrospectiva del Festival parezca pan comido. Confieso que "Fresas salvajes" es una de esas películas de las que muchos me hablaban y yo no había visto. Y ayer la disfruté.

El mundo de Bergman es personal pero transferible; la dualidad sueño/realidad, el flashback a partir de una sensación y el reconocimiento de uno mismo por (y con) los demás es un testigo recogido por cineastas modernos y constantemente reinterpretado (Woody Allen es uno de ellos). El viaje emprendido por Isak Borg (interpretado por el director y pionero del cine sueco Victor Sjöström) es sin duda la aceptación de la última etapa de su vida, una especie de redención de uno mismo que, a la vez, sirve a quienes le rodean para descubrir a un ser diferente del que creen conocer.

Esta "road movie" se alimenta de pasajeros inesperados que se unen a un viaje a Estocolmo que, inicialmente, estaba planeado realizar en avión; allí Isak Borg va a recibir un doctorado como reconocimiento a toda una vida dedicada a la medicina. Se ha levantado después de soñar con su propia muerte y decide que prefiere hacer el viaje conduciendo su viejo automóvil. Su nuera Marianne (interpretada por Ingrid Thulin, en la foto junto a Victor Sjöström) se apunta al viaje para reencontrarse con un marido del que se está separando. En una parada para revisitar un lugar de la infancia de Borg, recogen a unos jóvenes, entre ellos, Sara (Bibi Andersson), que son el contrapunto alegre, desenfadado y pretencioso de la juventud que Isak va recordando. También se incorpora, desde la cuneta, un matrimonio en crisis que reaparece más tarde en uno de los sueños de Isak.

Hay un alto en el camino para repostar, el humilde matrimonio que regenta una gasolinera (él es Max Von Sydow) reconoce y agradece a Isak toda la ayuda prestada en el pasado. Eso ocurre poco antes de visitar a la anciana madre de Isak, con una mente lúcida y un carácter que da, como el personaje del ama de llaves, el punto irónico a la historia.

En el viaje los jóvenes descubrirán esa dosis de ternura y generosidad que parecía escondida en el viejo. Isak Borg aprenderá a asumir el fin de su trayecto y a asimilar las frustaciones del pasado, las oportunidades perdidas, las fresas salvajes que él no recogió a tiempo. Una lectura existencialista del paso del tiempo y las relaciones humanas, fotografiada con un instinto lírico y evocador.

Love is the answer


Hace unos días se hizo pública la lista de temas interpretados por Barbra en su nuevo álbum "Love is the answer". Y hoy se hace pública la portada (en la que aparenta veinte años menos gracias al fabuloso maquillaje y a la magia del Photoshop). Hay tres versiones del álbum, la normal (trece temas con arreglos orquestales), la Deluxe, con un CD extra con doce temas interpretados con un cuarteto de jazz, y una versión en vinilo para coleccionistas.

Love Is The Answer Deluxe CD

CD 1

* 1. "Here's To Life" (Artie Butler/Phyllis Molinary)
* 2. "In The Wee Small Hours" (Bob Hilliard/David Mann)
* 3. "Gentle Rain" (Luiz Bonfa/Matt Dubey)
* 4. "If You Go Away" (Jacques Brel/Rod McKuen)
* 5. "Spring Can Really Hang You Up The Most" (Tommy Wolf/Fran Landesman)
* 6. "Make Someone Happy" (Jule Styne/Betty Comden/Adolph Green)
* 7. "Where Do You Start?"(Johnny Mandel/Alan Bergman/Marilyn Bergman)
* 8. "A Time For Love" (Johnny Mandel/Paul Francis Webster)
* 9. "Here's That Rainy Day" (Johnny Burke/Jimmy Van Heusen)
* 10. "Love Dance" (Ivan Lins/Gilson Peranzzetta with English lyrics by Paul Williams)
* 11. "Smoke Gets In Your Eyes" (Jerome Kern/Otto Harbach)
* 12. "Some Other Time" (Leonard Bernstein/Betty Comden/Adolph Green)
* 13. Bonus Track - "You Must Believe In Spring" (Michel Legrand/Alan & Marilyn Bergman)


CD 2 (Vocal con cuarteto)

* 1. "Here's To Life" (Artie Butler/Phyllis Molinary)
* 2. "In The Wee Small Hours" (Bob Hilliard/David Mann)
* 3. "Gentle Rain" (Luiz Bonfa/Matt Dubey)
* 4. "If You Go Away" (Jacques Brel/Rod McKuen)
* 5. "Spring Can Really Hang You Up The Most" (Tommy Wolf/Fran Landesman)
* 6. "Make Someone Happy" (Jule Styne/Betty Comden/Adolph Green)
* 7. "Where Do You Start?"(Johnny Mandel/Alan Bergman/Marilyn Bergman)
* 8. "A Time For Love" (Johnny Mandel/Paul Francis Webster)
* 9. "Here's That Rainy Day" (Johnny Burke/Jimmy Van Heusen)
* 10. "Love Dance" (Ivan Lins/Gilson Peranzzetta with English lyrics by Paul Williams)
* 11. "Smoke Gets In Your Eyes" (Jerome Kern/Otto Harbach)
* 12. "Some Other Time" (Leonard Bernstein/Betty Comden/Adolph Green)


Estamos de enhorabuena, porque aquí hay un buen puñado de excelentes canciones, sólo al leer los nombres de los compositores nos podemos hacer una idea de la calidad del material que nos ofrece en este álbum.

Es una selección que se acerca, cada vez más, a la excelencia de su repertorio de los años sesenta, en los que frecuentaba temas de Gershwin, Bernstein, Kern, Styne, Arlen, Berlin...

Sin duda lo más atractivo de todo esto es la versión con cuarteto de Jazz, con la imponente Diana Krall al frente, que es lo que los fans -como yo- cansados de tanto arreglo orquestal excesivamente edulcorado (algo que ha primado en sus últimos diez álbumes de estudio), íbamos pidiendo en foros, listas de correo y demás puntos de encuentro de los aficionados. Nuestras plegarias en forma de e-mail no han caído en saco roto, y dentro de poco tendremos esa versión más íntima (y esperamos que jazzera) de Barbra. Una intérprete que está perdiendo voz, pero a la que todavía le queda mucho que cantar.

PD, alguien leyó mis pensamientos cuando estaba escuchando a la Krall en el Kursaal en julio de 2008...

James Taylor, Jamie Cullum


Anoche acabó el 44 Jazzaldia (Festival de Jazz de San Sebastián) con dos grandes tracas de fuegos artificiales. La más temprana, a las 18.30 en el Kursaal, donde uno de los más grandes trovadores de los últimos cuarenta años desplegó sus alas blancas (porque interpretó yo diría que íntegramente su famoso álbum blanco Greatest Hits de 1976). Y por la noche, después de la exótica Mélissa Laveaux, el nuevo niño prodigio del jazz-para-todos, Jamie Cullum, hizo gala de su virtuosismo como pianista, su habilidad con la guitarra y su capacidad para meterse al público en el bolsillo.

James Taylor (Boston, 1948) contó ayer, entre canciones, que en 1968, cuando parecía que iba a reventar el mundo, él pasó diez días en Formentera, donde compuso un par de canciones mientras estaba "homesick". Nada más y nada menos que "Carolina in my mind" y "Mexico". No dejó pasar ni uno solo de los temas que todos los que le adoramos esperábamos: desde "Fire and Rain" hasta "Sweet baby James", pasando por la mejor versión del "You've got a friend" de Carole King, una autora muy prensente en la carrera de Taylor, y de quien también interpretó una versión más folk del "Up on the roof". El cubo grande del Kursaal estaba lleno de gente totalmente entregada al concierto, que se cerró con un memorable "How sweet it is (to be loved by you)" y "You can close your eyes" con guitarra y coro, que dejó a todo el mundo satisfecho.



Taylor, siempre a la guitarra, estuvo muy bien arropado por su banda (piano y teclados, violín, bajo, guitarra eléctrica y batería) y demostró estar en forma. Cuesta creer que un tipo tan pausado, tan sencillo, pasara unos años tan oscuros y estuviera al borde del abismo en más de una ocasión.

Y por la noche, un Jamie Cullum excepcional, que lo mismo se subía al piano de cola para dar un salto sobre el escenario, que se apeaba del mismo para mezclarse con el público de la Trini. Que saltaba de un tema propio a uno de Cole Porter. Y cuyos dedos bailaban sobre el teclado con una agilidad sorprendente. Es un genio lleno de energía. Tiene capacidad para conectar con el público. Le sobra el talento. A algunos sus gestos, sus poses, sus idas y venidas y sus subidas al Steinway les parecerán mamarrachadas. Supongo que Cullum necesita gastar toda su adrenalina y ésa es su forma de hacerlo. Porque, además, lo hace muy bien.

Más en diariovasco.com

Todo sobre el Jazzaldia

James Taylor y Carole King... cuando Taylor todavía podía permitirse llevar melena.



Jamie Cullum, What a difference a day made...

Las calles de San Francisco


Esta mañana fue escuchar "Karl Malden" y venirme a la memoria dos imágenes suyas: la de On the waterfront (La ley del silencio) y la del detective que, acompañado por Michael Douglas, recorría Las calles de San Francisco luchando contra el crimen.

Malden (1912-2009) era un secundario de lujo con una carrera larguísima en la que se incluye una etapa como presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias de Hollywood. Hombre de teatro antes que de cine, ha sido un imprescindible en obras de Tennessee Williams y Arthur Miller, por mencionar algún autor de peso. Su marca de la casa fue su peculiar nariz y un talento indiscutible para encarnar personajes que parecían hechos a su medida, fueran héroes o villanos.

Ganador de un Óscar por su papel en Un tranvía llamado deseo, fue el impulsor de la entrega a Elia Kazan de un hoscar honorífico, decisión controvertida dada la reputación del director de cine tras su conocido paso ante el comité de actividades antiamericanas; pero Malden defendía premiar el indiscutible talento artístico de Kazan.

Malden ha muerto a los 97 años tras una larga carrera en el teatro, el cine y la televisión. Los fans de los musicales también podremos recordarle en Gypsy, junto a Nathalie Wood. Y también hizo de padre de Barbra en la que fue su última intervención en la pantalla grande, Nuts. Y quién no le recuerda en Patton...


Billie Jean is not my lover


No sé si es casualidad: hace dos meses soñé que Michael Jackson se había muerto. El sueño era muy real. Cada mañana, la radio se enciende para evitar que el pitido del despertador me trepane el cerebro. Cuando ocurre, se empieza a activar mi cerebro y me voy despertando poco a poco. Hay días en que una noticia me despierta de golpe; otros días me mantengo en leve letargo escuchando las malas noticias habituales o los aburridos y vacíos discursos de los políticos. El sueño era tan real que tenía su propia versión del Hoy por hoy; ya no llego a recordar o distinguir más detalles, pero es probable que por esos vericuetos oníricos era Gabilondo quien daba la noticia; lo que sé es que cuando me desperté de verdad, lo hice convencida de que la noticia que había escuchado en sueños era la muerte del rey del pop.

Esta mañana la noticia ya no era fruto de mi imaginación; y debo decir que, si bien me apena, no me ha resultado extraña. Una persona que vive en el rancho "País de nunca jamás" (Neverland) y que ha hecho todo lo posible por recuperar la infancia que no tuvo, no podía llegar a viejo. Creo que todos, más o menos, intuíamos que nunca lo veríamos envejecer. Y me he acordado de aquel día del verano del 77 en que nos levantamos con la noticia de que Elvis se había muerto.

Me quedo con el Jackson de "Off the wall" y, cómo no, "Thriller". Me quedo con "Billie Jean" y "Beat it", con el video-clip de "Thriller", que, como el álbum, cambió el concepto de la promoción audiovisual. Me quedo con el "ABC" de los Jackson Five. Y me sobran todas sus extravagancias. Una pena no haber podido verlo en directo sobre el escenario en sus años de gloria, porque debía de ser todo un espectáculo.

Otro juguete roto... y a partir de ahora nuevos culebrones, herencias, sucesiones, especulaciones. Para acabar con una sonrisa, los Jackson Five en el Show de Carol Burnett:

Coraline, la alternativa a Píxar



Con el estreno de Los mundos de Coraline tendremos en cartelera la obra de un artesano del cine, Henry Selick, de quien hemos visto obras maestras en colaboración con Tim Burton como Pesadilla antes de Navidad o James y el melocotón gigante. Coraline es un proyecto que ha llevado más de diez años de trabajo si se incluye toda la labor de preproducción, si bien el rodaje ha ocupado unos veinte meses a un largo equipo que, como máximo, llegaba a completar dos segundos de película al día. Selick y la factoría Aardman (los creadores de Wallace y Gromit) son dos formas de entender la animación fotograma a fotograma, contrapuesta a la animación digital hoy liderada por Píxar-Disney y seguida por Dreamworks.
La historia remite, en cierto modo, a la vida de mundos paralelos, ya sea la de la Alicia de Lewis Carrol, o el país de Nunca Jamás de Peter Pan, o la propia Pesadilla diseñada por Tim Burton. Una vida alternativa, quizá imaginada y deseada, que pese a su apariencia colorista alberga una realidad oscura y fría. Este tipo de historias nos han cautivado a pequeños y mayores, y cuando se han llevado al cine lo han seguido haciendo. Así ha ocurrido con los libros de Roald Dahl (quién no ha deseado alguna vez tener los poderes de Matilda), que han generado filmes tan interesantes como Charlie y la fábrica de chocolate.
Iremos a verla, claro que sí. Lástima que en provincias no podamos verla en 3D...

Pixar UP

UP es la última producción de Pixar; una historia que ha despertado cierto recelo entre los ejecutivos e inversores, dado que no consideraban que una historia protagonizada por un hombre casi octogenario tuviera la capacidad de generar negocio.

Lo que ocurre es que el público (de todas las edades) no es tan estúpido como los que piensan en el negocio. La audiencia evalúa la calidad, la diversión y las cualidades de la película. Quienes dudaron de Wall·E por tratarse de una película prácticamente muda enmudecieron con los resultados. Porque el robot basurero y su novia cuasi-apple divertían, inspiraban ternura y además emitían un mensaje que, lejos de la tradición moralista de Disney, despertaban la conciencia ecológica y moral de un mundo consumista -lo que no deja de ser una osadía tratándose Disney de uno de los mayores generadores de merchandising en torno a sus productos visuales-.

UP ha abierto el Festival de Cannes de 2009 haciendo historia; una película de animación que incorpora las últimas novedades de la industria, como es la generalización de las producciones en 3D, con el fin de volver a llenar las butacas de las salas que sufren la modernización de los sistemas de cine domésticos y otros daños colaterales.

La historia la protagoniza Carl Fredricksen (la voz original es del veterano Edward Asner, famoso por su papel televisivo como Lou Grant), que decide emprender un curioso viaje llevándose consigo su casa, que arranca de entre los rascacielos invasores atándola a millares de globos... (y hasta aquí todo lo que quiero saber antes de verla). El aspecto del personaje me recuerda al recientemente fallecido James Whitmore, o Brooks en "Cadena Perpetua".

La película ha tenido una gran acogida en el estreno del Festival de Cannes y, por la explosión de color vista en los teasers, promete.






57 Zinemaldia - Festival de Cine de San Sebastián

El cartel del Zinemaldia es como una puerta de entrada a lo que nos espera el próximo mes de septiembre. Después de lo anodino de la imagen de la pasada edición, el de este año ha sido como un respiro de alivio, dentro de la ruptura que en los últimos años se ha dado en la imagen corporativa y comunicativa de nuestro Festival de Cine. Suscribo cada uno de los sustantivos que esta mañana ha otorgado al cartel Mikel Olaciregi, director del evento: luz, color, sobriedad, contención.

Tendrá un día menos de duración, con el fin de sostenerse con un presupuesto con recortes y actuar de una manera coherente con la actual coyuntura económica; el Zinemaldia no quiere renunciar a seguir siendo el plato fuerte cultural y social de Donostia, y a la vez plataforma de negocio con gran proyección tanto en el ámbito de la industria cinematográfica como en el del márketing puro y duro.

En adelante irán destilando en pequeñas dosis los contenidos de las secciones Oficial, Zabaltegi y Horizontes Latinos, con las películas a concurso y que compiten en el resto de los premios que se otorgan en el certamen. Igualmente, se irán dando a conocer nombres de participantes, invitados y premios honoríficos pero que, como siempre ocurre, no se desvelarán hasta el último instante, cuando todo esté bien atado.

En cuanto a Richard Brooks, preciosa la fotografía escogida para el cartel (y el vídeo de presentación que han montado) y suponemos para la portada del libro que el Festival y la Filmoteca Española están elaborando para documentar e ilustrar una retrospectiva más que atractiva. Quim Casas está involucrado en este trabajo, así como en el libro que Filmoteca Vasca y Zinemaldia dedicarán al ciclo de La contraola. En el cartel se puede ver a Brooks con Burt Lancaster, se supone que durante el rodaje de la impresionante Elmer Gantry (El fuego y la palabra, 1960) (que me corrija alguien si me equivoco). Es una foto en blanco y negro pero llena de lo que este año busca el Festival: luz, la luz de los proyectores, la luz de la tecnología, la luz que nos ayudará a salir del agujero de la crisis. Y un poco de color para alegrar ese cielo gris que no quiere abandonarnos.

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